La primera etapa de las obras
En forma simultánea y, a contra reloj, comenzó la primera etapa de las obras de remodelación del templo que consistieron en un primer momento en abrir amplios ventanales, reformar la fachada abriendo una nueva puerta en la ochava de las calles Card. Pironio y Mendoza, retirar antiguos revestimientos de las paredes que estaban muy deteriorados.
En un trabajo conjunto con peritos y especialistas, comenzaron a restaurarse algunas imágenes antiguas como las de Santo Domingo, la de la Virgen de Fátima y las de San Pedro y San Pablo.
A las remodelaciones edilicias, pronto se sumaron las obras artísticas. El miércoles 6 de septiembre llegaron a la ciudad de Nueve de Julio, la artista plástica Mónica Corrales y su esposo, el historiador Eduardo Díaz Hermelo, quienes estuvieron a cargo de la dirección de las obras de embellecimiento del lugar sagrado. Recientemente habían estado en el Vaticano, en cuyos jardines finalizaron una escultura. Entre otras significativas obras la artista tiene de su autoría el mural que se encuentra en Buenos Aires en la fachada del edificio anexo del Congreso Nacional.
Ahora en suelo nuevejuliense, su misión se enfocó en dirigir la restauración del retablo; la decoración de los ventanales; la construcción del mural del jardín de la Virgen y el embellecimiento del exterior del edificio.
Por esos días la Iglesia había recuperado, el antiguo retablo que perteneció a la Parroquia Santo Domingo de Guzmán y que había estado custodiado desde hacía décadas en depósitos del museo municipal local.
De inmediato, los artistas porteños realizaron una convocatoria abierta a la comunidad para colaborar con las obras de embellecimiento que consistieron básicamente en tres técnicas: muralismo, relieve en madera y esgrafiado.