Noticias · 15 de octubre de 2026 · Por Diócesis de Nueve de Julio

La noche, el agua y el viento

Sacramentos de iniciación en el santuario de Fátima de Nueve de Julio

“No nos cansemos de buscar al Señor en las noches de nuestra vida, Él nos hace renacer a una vida nueva y nos sigue envolviendo e impulsando con el viento de su Espíritu” afirmó el Obispo diocesano al celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana en el santuario diocesano de Fátima en Nueve de Julio.

El miércoles 14 de octubre por la tarde, el obispo de Nueve de Julio, Ariel Torrado Mosconi confirió los sacramentos del bautismo a dos adultos junto a la confirmación y la primera comunión eucarística a otros doce, en el santuario diocesano de Nuestra Señora de Fátima de la ciudad. Los adolescentes y adultos venían preparándose durante este año con el equipo de catequesis conformado por Sandra Falcone, Mimí Palomeque, Francisco Nuñez, Clara Schwab y Miriam Impinnisi. Todos ellos se habían acercado a pedir los sacramentos a partir de circunstancias críticas y dolorosas en sus vidas, manifestando que en la fe había encontrado luz, fortaleza y sanación, tal como lo expresaron en testimonios previos a la celebración.

La celebración eucarística comenzó con la recepción y el diálogo entre los candidatos, los padrinos, catequistas y el obispo, la recepción en la comunidad cristiana con la señal de la cruz y la unción con el óleo de los catecúmenos.

En la homilía, comentando el evangelio del diálogo de Jesús con Nicodemo, monseñor Ariel dijo: “tres imágenes se desprenden del texto que se acaba de proclamar: la noche, el agua y el viento, que iluminan, llenando de significado, no solamente la celebración de hoy, sino toda nuestra vida. Aún en medio de las noches más oscuras de nuestra vida, no podemos ni debemos dejar de buscar al Señor, interrogarlo, pedirle, seguir conversando -que eso es la oración- depositándole nuestras dudas y penas, deseos y necesidades, alegrías y sufrimientos, arrepentimiento y gratitud. Él, lo están experimentando ustedes, nos renueva con el agua de la gracia, la misericordia y el amor divinos dándonos una vida mejor, más plena, un anticipo de la felicidad eterna. Y nos llama a testimoniar y anunciar a los demás todo esto que ha hecho con nosotros. El viento evoca la presencia y la acción del Espíritu Santo, que nos llama a soltar todo afán posesivo, dominante y temeroso para dejarnos llevar, impulsar, envolver por su potencia amorosa” afirmó.

La acción litúrgica prosiguió con el rezo de las letanías de los santos, la bendición del agua bautismal, el diálogo con las renuncias y la profesión de fe y el rito propio del Bautismo, al que continuó la imposición de la vestidura blanca, el cirio encendido y la Confirmación.

En la liturgia eucarística, los neófitos recibieron la primera comunión bajo las dos especies y la santa Misa concluyó con la consagración a la santísima Virgen, oración por la salud del Papa León y la bendición solmene impartida por el Pastor diocesano.