Noticias · 15 de julio de 2026 · Por Diócesis de Nueve de Julio

Llamado a sembrar la esperanza y cultivar la paz social

Te Deum del Día de la Independencia en Nueve de Julio

“Dejar de ser una comunidad “de galpón” para pasar a ser una sociedad que “siembra” abnegada y esforzadamente. Una comunidad que sabe agradecer y se suma a la tarea “codo a codo” de nuestros maestros, nuestros médicos y enfermeros, nuestros bomberos y cada servidor público”, sostuvo el Obispo de Nueve de Julio en la celebración del Te Deum por el aniversario de la independencia nacional en la catedral nuevejuliense.

La mañana del martes 9 de julio, junto a los actos programados con motivo del Día de la Independencia, el solemne “Te Deum” para dar gracias y rogar por la patria, en la Iglesia catedral de la ciudad de Nueve de Julio, presidido por monseñor Ariel Torrado Mosconi, con la participación de las autoridades locales, encabezados por la Intendente municipal doctora María José Gentile, delegaciones escolares y de instituciones, así como numerosos fieles.

Comentando la parábola del sembrador proclamada como Evangelio de la celebración y el párrafo 16 de la encíclica “Magnifica humanitas” del Papa León, dijo: “El Papa nos dice, en párrafo citado, que la comunidad no puede vivir encerrada en sí misma como en una burbuja. No es un club cerrado de gente perfecta que mira el mundo desde la ventana. Así se corre el riesgo del ensimismamiento y la consiguiente asfixia social. El texto nos recuerda que nuestra esperanza debe “embarrarse las botas” si quiere desarrollarse, progresar y alcanzar el bien común. Debemos sembrar con esperanza, responsabilidad y paciencia, caminando nuestras calles y caminos, entrar a nuestras instituciones y reconocer el valor de los que sostienen al pueblo con su quehacer de cada día. Sin este compromiso con la realidad concreta de nuestro distrito, esta conmemoración se vuelve una vana pieza de museo. ¡La esperanza no es un pergamino que se guarda en una vitrina, sino un accionar responsable y esforzado en el conjunto del entramado social!”

El Prelado se refirió a tres realidades acuciantes de la realidad local: la educación, la seguridad y la salud. Por ello comenzó afirmando: “Y es ahí cuando miramos al ámbito de nuestra educación local. Estar insertos en la realidad significa que, como comunidad, valoramos y acompañamos con alma y vida a nuestras escuelas: las escuelas públicas y privadas, los jardines de infantes, las escuelas agropecuarias o técnicas de la zona. Esos docentes que no solamente enseñan matemáticas o historia, sino que muchas veces contienen, escuchan y les enseñan a los chicos a usar las nuevas tecnologías acá, en su suelo, para que el progreso no signifique tener que armar las valijas. No podemos ser indiferentes. Debemos comprometernos y sostener las instituciones educativas, “meternos” en la cooperadora de la escuela, apoyar el trabajo de los maestros y decir: «Acá estamos porque, en las aulas de nuestro pueblo, se siembra la dignidad del mañana».

Sobre el cuidado mutuo y la seguridad indicó: “Y si hablamos de proteger la vida, ¿cómo no pensar en nuestros bomberos? Ellos son el ejemplo más claro de cuanto quiere significar este punto del documento papal: el llamado a cuidarnos “los unos a los otros”. Cuando suena la sirena del cuartel, el bombero deja la mesa familiar, deja el trabajo en el campo o el taller, y sale corriendo a meterse en el fuego, a cortar los fierros en la ruta o a sacar a los inundados en los barrios o pueblos rurales. No pregunta a quién se está salvando; no le pide el carnet de afiliación a nadie. Da la vida por el prójimo por el solo hecho de ser un hermano de su comunidad. ​Ese mismo espíritu de servicio lo vemos en los policías de la comisaría local, en los empleados municipales que mantienen los caminos y los espacios públicos, en los trabajadores de la cooperativa eléctrica que salen bajo la tormenta a levantar un poste para que el pueblo no se quede a oscuras. Toda esa red de servidores públicos expresa la verdad de la que habla el Papa: que estamos llamados a cuidarnos los unos a los otros, que la vida de cada vecino vale más que cualquier interés individual o sectorial”.

Al referirse a la salud prosiguió: “Pensemos en nuestro sistema de salud, en el hospital local, en las salitas de primeros auxilios de los barrios, en los hogares de ancianos. Pensemos en los médicos, en los enfermeros y enfermeras que atienden a cada vecino necesitado, que hacen largas guardias y que conocen el dolor de cada familia. El anuncio apacible del que habla el Papa se vive ahí: cuando la comunidad se une al esfuerzo de la salud pública, no con discursos teóricos, sino con el respeto, el cuidado y el acompañamiento. Se trata de derribar los alambrados del egoísmo. Cuando un enfermero atiende con paciencia a un abuelo del pueblo, o cuando la comunidad colabora para que la salita tenga lo que necesita, ahí se está sembrando esperanza, cultivando convivencia. También se “hace patria” cuidando el cuerpo y el alma del vecino, sin importar quién es, lo que piensa o de dónde viene”.

Para concluir diciendo: “Queridos vecinos, para terminar, pensemos en la imagen de la siembra. Ningún productor guarda la semilla en un frasco en el galpón para que no se ensucie. La semilla se tira a la tierra, se expone al clima y busca dar fruto para todos. Que Dios bendiga las manos y la vida entera de todos cuantos sostienen la vida de nuestro pueblo y nos haga el regalo de su bendición para seguir siendo un pago de tranqueras abiertas, sembradores esperanzados, cultivadores responsables y generosos del bien común. Así sea con la ayuda de Dios”.

Luego de la proclamación del Evangelio y la homilía se realizó un gesto destacando los ámbitos más necesitados de cuidado e impulso en la comunidad local, como son la educación, la seguridad y la salud, convocando a representantes de cada sector para recibir la bendición. Luego de ello, se rezó el Padrenuestro, la Oración por la Patria y se intercambió el saludo de la paz. Finalmente, se rezó el himno de acción de gracias (Te Deum), se rezó a la Santísima Virgen y el Obispo impartió la bendición final solemne.