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El tiempo de una esperanza renovada

Clausura del jubileo en la diócesis de Nueve de Julio
“Culmina el Año santo y continúa la misión testimoniando la esperanza que no defrauda” afirmó el Obispo nuevejuliense durante el rito de clausura del año santo en la iglesia catedral.
La tarde del domingo 28 de diciembre, festividad de la Sagrada Familia, tuvo lugar el rito de clausura del año jubilar en la Iglesia catedral de la diócesis de Santo Domingo en Nueve de Julio, presidida por el obispo diocesano Ariel Torrado Mosconi y concelebrada por el obispo emérito Martín de Elizalde osb, a numerosos miembros del presbiterio, diáconos, religiosas y consagrados, seminaristas y delegaciones venidas de las comunidades parroquiales.

La celebración comenzó en la plaza central de la ciudad recordando la figura del beato Eduardo Francisco Pironio, nacido y bautizado en la ciudad, como “profeta y testigo de la esperanza”, con dos gestos que signaron la conclusión del año santo: la plantación de un olivo y la suelta de palomas. El primero recuerda la esperanza que debe ser plantada, abonada y regada para que dé frutos de paz. Y, el segundo, las palomas volando, significando la misión que prosigue hasta las periferias y confines de la existencia y del mundo.

Seguidamente, luego de los ritos iniciales, la asamblea caminó en procesión hasta la catedral entonando el himno del jubileo donde prosiguió la celebración eucarística.
En la homilía, monseñor Torrado Mosconi comenzó reflexionando sobre el sentido del tiempo: “Los antiguos hacían una diferencia entre el tiempo como un mero transcurrir, el “kronos”, o el tiempo como una ocasión oportuna y propicia, el “kairós”, así lo entendemos nosotros, como historia de salvación que llega a su plenitud en Jesucristo, y cuando Él irrumpe en nuestra vida con su gracia para transformarla y renovarla. Esto es, esto ha sido, el Año Santo para nosotros”. Luego se refirió a los frutos ya constatables de este año de gracia a lo largo y ancho de la diócesis: “junto a la conversión y la reconciliación personal en cada uno, la “conversación espiritual” se ha ido extendiendo en nuestras comunidades y está dando muy buenos frutos, y, sobre todo, ha sido una grandísima gracia, la asamblea eclesial y la ordenación de tres nuevos sacerdotes” Finalmente termino recordando la figura, el testimonio y el legado del beato Pironio: “En nuestra diócesis tenemos el ejemplo del beato Pironio gran signo de esperanza para nosotros que nos anima con su enseñanza a mantener viva esa llama y a llevarla a los demás en medio de las incertidumbres, contradicciones y dolores de este tiempo, para alentar a los demás y mostrarles el camino de la salvación, el camino de Dios”.

En la profesión de fe se recitó el Credo niceno constantinopolitano y en la procesión de ofrendas se presentaron las estampas con reliquias del beato Pironio y ramas de olivo que fueron entregados como signo de la misión; la cruz jubilar portada por uno de los presbíteros ordenados durante el jubileo junto a la ofrenda material y el pan y el vino.

Luego de la comunión eucarística, según lo previsto por el ritual, se entonó un canto de acción de gracias por los beneficios recibidos durante este año de gracia, se cantó la Salve a la santísima Virgen y el obispo realizó una oración de envío misionero e impartió la bendición papal.
Al término de la santa Misa se tuvo un ágape fraterno y un espectáculo de música navideña en la puerta de la catedral, compartido gratamente por los fieles venidos de todos los rincones de la diócesis.