Noticias, Pascua

5 abril, 2026

Jesús resucitado en nuestra verdadera paz

Triduo pascual en Nueve de Julio

“En un mundo herido por la desconfianza, el odio y la guerra, celebrar la pascua del Señor, uniéndonos a su cruz y resurrección, es un encuentro que nos transforma en signos, testigos y mensajeros de su amor y de su paz” afirmó monseñor Torrado Mosconi en la celebración de la noche santa en la Catedral de Nueve de Julio.

Desde el jueves 2 al domingo 5 tuvo lugar la celebración pascual en la Catedral “Santo Domingo de Guzmán” de Nueve de Julio presidido por el obispo diocesano monseñor Ariel Torrado Mosconi.

“El conjunto de la celebración de hoy pone de manifiesto que el amor de Dios y el amor que estamos llamado a llevar a la práctica en nuestra vida, es don que lleva y pide la donación, la entrega servicial y generosa, porque nace en el don del Señor de sí mismo para darnos nueva vida y salvación” sostuvo el Jueves santo en la Misa de la Cena del Señor con el lavatorio de los pies y conmemoración de la institución de la Eucaristía.

“El gesto de besarla cruz de Jesús en la adoración que haremos dentro de unos momentos, es un llamado a cargar, abrazar y besar nuestra propia cruz para, de esta manera, unirnos íntima y fuertemente a la Pasión del Señor. Esto fortalece nuestro amor y reaviva nuestra esperanza”. afirmó el Viernes santo durante la Celebración de la Pasión. También invitó a meditar en este día sobre la realidad, el sentido y la necesidad de prepararse para la muerte desde la visión que nos da la propia fe cristiana y en medio de una sociedad que la niega y nos sabe resolverla adecuadamente: “La tradición cristiana nos dice que cada día deberíamos tener un momento para pensar en la muerte y reavivar nuestra fe en la vida eterna. Sólo así nos libramos del temor y renace la esperanza en la felicidad futura, puerta que Jesús nos abrió con su muerte y resurrección”. Luego al finalizar el Vía Crucis -realizado en el interior del templo catedralicio a causa de las inclemencias del tiempo- dijo: “Acompañamos a Jesús en la vía dolorosa, el camino de la cruz, con la convicción de que <Él nos amó primero> confortándonos en nuestro propio camino de la cruz y ayudándonos a cargarla siempre”.

La luz, la Palabra, el agua y el pan son los cuatro elementos que destacan y resaltan en la liturgia impresionante y solemne de la noche santa. Partiendo de ello, el Pastor diocesano reflexionó: “La luz que progresivamente va iluminando y brillando en esta celebración, significa la luz de la fe que va disipando la oscuridad de nuestra vida, lenta pero eficazmente. Contemplando el sepulcro preguntémonos también cuál es la piedra de la propia existencia que no puedo mover y sólo el Señor puede aplastar, impedir que no nos encierre ni aplaste. Esa luz es también la Palabra que da rumbo, sentido, a nuestra vida, es la voz que nos guía para cruzar nuestro propio mar rojo y atravesar los desiertos de esta vida. Los jóvenes, en la que están celebrando estos días aquí en Nueve de Julio, han reflexionado mucho sobre la sed interior que todo ser humano tiene. Es sed de Dios, de su amor, de su gracia, de su misericordia, de su misma vida. ¿Con qué buscamos apagar nuestra propia ser? Cristo es el agua vida que puede saciarla verdaderamente. ¿Y cuál es el pan que satisface nuestra vida y la sacia de verdadera plenitud? Gastamos lo que tenemos por conseguir una felicidad que nos sacia y vendemos lo bueno. Cristo es ese pan de vida capaz de saciarnos realmente. Esta es la buena nueva, el testimonio alegre y sin miedo que debemos llevar, como las mujeres, al mundo de hoy, porque lo necesita y espera” exhortó en la solemne Vigilia pascual en la noche santa.

El Pastor diocesano se hizo presente también en varios momentos en el predio de la Sociedad Rural local donde se estaba llevando a cabo la “Pascua Joven” con una participación de alrededor de cuatrocientos adolescentes y jóvenes provenientes de distintas comunidades de la diócesis.

El domingo de Pascua, el Prelado diocesano celebró la misa de la mañana en el Carmelo “San José” de dicha ciudad, donde convocó a: “La alegría que vence al miedo y la tristeza, junto a la paz que supera todo odio y mal, son el primer fruto, mensaje y testimonio de la resurrección de Jesucristo. Encontrarnos con Él nos transforma, nos hace portadores y signos de esta experiencia y mensaje ¡Seamos mensajeros convencidos y creíbles de este anuncio que el mundo hoy tanto necesita!”